Oroxxo

De los asistentes al Oroxxo, me acordé de las personas que aseguran nunca haber comido tacos en un puesto callejero, pero querían saber qué se sentía. Parecía que fueron a darse un baño de pueblo.

Un hombre en sus 50 decía que la experiencia era única. En la mano tenía una bolsa de papas, las comía como si fueran hostias.

Una mujer joven meditaba frente al anaquel de Marinela, absorta, como esperando una revelación.

Unas chicas celebraban lo ‘loco’ que era tomar café Andatti. El vaso lo sujetaban por la base, como una copa. Se tomaron selfies.

Su actitud parecía “Oei, nos tomamos un Andatti, n o m a m e e e s…”

De risa todos ellos. “Because you think that poor is cool”…

El atractivo del Oroxxo fue ver a los que fingen con toda su alma nunca haber estado en uno.

Vaya timo.

 

 

Ya no es enero [2017]

Pensaba que el siglo XXI dio inicio el 20 de enero pasado, con la toma de posesión de Trump, fecha que  además coincide con mi cumpleaños (todas las inauguraciones presidenciales de aquel país son en ese día). El largo preludio que arrancó el 11 de septiembre de 2001 tuvo un dramático desenlace con el año 2016, famoso entre otras tantas cosas por el fallecimiento de ciertas figuras de la cultura popular [anglosajona en su mayoría] que nos hemos felizmente apropiado, y que fue una suerte de despedida simbólica de una época. “Tomen lo mejor”, dijo el siglo XX en su lecho de muerte, “lo van a necesitar”.

Mientras tanto, enero de 2017 fue un lunes de 744 horas (@indi_gente), intenso, apasionante, donde me parece que los papeles han cambiado radicalmente. Alemania pareciera ser el líder de las democracias y China la defensora del libre mercado. Rusia ganó la Guerra Fría, y todo indica que su influencia ayudó de manera sustancial a colocar a un presidente títere en EU, país donde esa práctica había sido refinada por la CIA, haciéndolos probar una ‘cucharada de su propio chocolate’.

Muchos países se preocuparon por fortalecer sus ciberdefensas para prevenir ataques de DDos y de gusanos maliciosos tipo Stutnex que pudieran tomar control de la infraestructura estratégica, pero el armamento más eficaz resultó ser el que parecía inofensivo, y no necesitaba estar encubierto. La propaganda y desinformación, las tácticas más antiguas de guerra, fueron reivindicadas y potenciadas por las redes sociales. Con el auge del memetic warfare la ficción se ha mostrado como la mejor arma que la humanidad ha creado. El uso de memes como una especie semántica de artefactos explosivos improvisados (IEDs), y el papel destructivo de las noticias falsas se plantean nuevos escenarios de combate en el presente, cyberpunk a tope.

Vivir en México, caray. Gasolinazos, descontento, impunidad, delincuencia, una guerra contra el narco amparada por la corrupta y hedionda clase política. La falsa idea de la ‘unidad nacional’ como solución ante los embates de Trump. Un presidente pusilánime. A veces quisiera que estos temas no ocuparan tanto tiempo en mi cabeza para dedicarme de lleno a pensar en cómo solucionar mis asuntos. Pero son temas inseparables por supuesto, y habrá que enfrentarlos desde mi propia perspectiva y situación.

Y pese a todo tengo razones para mostrarme optimista. Este año me esperan proyectos, con gente nueva que he conocido cuyas ideas me estimulan y retroalimentan.

Mientras escribo esto Tania, Miranda y Diego duermen.

El libro que leo para reseñar es Homo Deus: Breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari.

Género “Camioneta Bronco”

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El sospechoso Marco Tulio Flores a bordo de su Acura durante la persecución del 9 de enero de 2017 en los alrededores del Valle de San Fernando, California.

Psychosexual Thriller“, “Philosofiction”, “Metaphysical noir thriller“: estos son algunos de los nombres de híbridos genéricos con los que me he topado últimamente, y que pretenden clasificar algunas novelas y películas cuyas características son tan originales que al parecer recogen los mejores elementos de varias categorías y desafían las normas ya conocidas.

Las persecuciones en automóvil en Estados Unidos captadas en vivo son todo un género en si mismo, a las cuales se les han dedicado programas de cable y YouTube. La obra primigenia  de este género quisiera bautizarla como “White Bronco”, esto por la marca del vehículo que manejaba el otrora estrella de fútbol americano OJ Simpson, y que provocó la interrupción de la programación regular de televisión en EUA un 13 de junio de 1994, mientras este huía por un freeway de Los Angeles para evitar ser detenido y acusado por el asesinato de su esposa y el novio de esta.

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OJ Simpson a bordo de su camioneta Bronco, 13 de junio de 1994.

El pasado 9 de enero, Marco Tulio Flores, de 32 años y supuesto miembro de una pandilla, disparó a su cuñada, quien resultó gravemente herida. Tras la denuncia, la policía intentó arrestarlo, pero este se dio a la fuga a bordo de su vehículo Acura plateado, a relativa baja velocidad, utilizando justamente el freeway 405 que más de dos décadas antes sirviera de ruta de escape a OJ Simpson.

Esta persecución tuvo a mi parecer algunos elementos que la hicieron particularmente interesante. La primera es que fue transmitida en vivo vía Facebook por la cadena CBS de Los Angeles, aprovechando esta relativamente nueva aplicación de la red social. El segundo aspecto, es que tuvo una duración total de una hora con 32 minutos, el tiempo promedio de una película. Pero también, más de tres millones de personas siguieron el acontecimiento, número que cualquier película de bajo presupuesto desearía en el día de su estreno.

Por su duración y contenido, bien puede considerarse una ‘película real’ de género policiaco en la categoría “White Bronco” – White Bronco Reality Movie.

¿Cómo podría llevarse a cabo una película de ficción que capture la esencia de este tipo de evento? Pienso que se podría hacer algo similar a la brillante Locke (2013), con Tom Hardy, dirigida por Steven Knight. En ella se mantiene la tensión del relato, sin que veamos a otra persona que el protagonista mientras conduce por una autopista británica, todo un logro. Una White Bronco Movie sería una variante policiaca de Locke, donde la cámara nunca sale de la cabina del conductor, pero es a través de sus llamadas telefónicas que nos enteramos poco a poco de los conflictos del protagonista.

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