Futuramas chinos

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Laboratorio Aquarius Reef Base, a 20 metros de produndidad, 10 kilómetros de las costas de Key West, Florida. Crédito: NOAA

 

En su libro On China, Henry Kissinger elabora una serie de reflexiones para comprender la línea de pensamiento en aquel país, y qué es lo que lo hace tan distinto del resto de las culturas del mundo. De ahí rescato esta línea que escribió sobre el antiguo imperio que se gestó en esas tierras:

El espléndido aislamiento chino fomentó en este pueblo una imagen muy particular de si mismo. Las élites chinas fueron acostumbrándose a la idea de que su país era único: no tan solo “una gran civilización” entre grandes civilizaciones, sino la civilización por antonomasia.

La noticia que me llamó la atención durante la semana, fue el anuncio del Ministerio de Ciencias de aquel país en el que avisa la intención de colocar una estación de investigación submarina a 3,000 metros el fondo del Mar del Sur de China. De acuerdo con Bloomberg, esta iniciativa es la número dos dentro de la lista de las llamadas ‘100 prioridades científicas y tecnológicas’ de su nuevo plan económico quinquenal. Dicho laboratorio, único en su tipo, servirá para explorar el sitio en busca de minerales estratégicos. O eso dicen. Por supuesto, dado que China ha construido islas artificiales en aquella vasta zona, provocando más tensiones con Viet Nam y Filipinas, las dudas sobre los posibles usos militares, cualquiera que estos sean, son fundamentadas.

Pero lo que resultó especialmente curioso fue que un investigador adscrito a una institución oficial se refirió a esta como una ‘estación espacial de mar profundo’. El término, que me encantó, no estuvo mal para atraer visitas, como el titular que usó Popular Mechanics “China has plans for a”Space Station” 10,000 feet beneath the sea“. Ahí uno escucha el tema ‘Viaje al fondo del mar’.

Y no es que no hayan existido bases de este tipo en el mundo, sino que la profundidad a la que será colocada y envergadura del proyecto resultan muy ambiciosos. En realidad solo se ha explorado el 5% del fondo del océano, y entre las proyecciones futuristas de la década de 1970 se preveía que para este siglo la colonización del mar sería un hecho, cosa que, como buen retrofuturismo, no ha ocurrido.

Muchos se han referido a esta amplia zona del planeta como un auténtico ‘ambiente alienígena’, un mundo diferente con sus propias condiciones atmosféricas y ecología correspondiente. La NASA tiene actualmente un programa de capacitación para astronautas en la famosa Aquarius Reef Base, de la Universidad Internacional de Florida, situada a 20 metros bajo el mar, a 10 kilómetros de las costas de Key West. Comparado con el proyecto chino es ridículo por supuesto.

Quizá la referencia a una ‘estación espacial submarina’ tuvo mayor resonancia para mi, porque en el cuento “La noche que los cocineros desaparecieron”, publicado en una antología dedicada a Philip K. Dick, hablo brevemente sobre una de este tipo. La protagonista trabaja como guionista de un reality show que se lleva a cabo precisamente en una estación submarina, pero se le ha hecho pensar a sus habitantes que se encuentran en la Luna. Siempre pensé que aquella historia merecía ser más extensa, tal vez sea hora de hacerlo.

 

 

Meteoros, meteoritos y memes

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Nature, 14 de noviembre 2013. Una de las portadas que más me han gustado de esta revista.

“En redes sociales se ha mencionado que se trató de un meteorito. Sin embargo, los meteoritos son objetos que impactan en la superficie de la Tierra, lo cual no puede afirmarse en este caso”, comentó en un comunicado de prensa el Dr. José Ramón Valdés Parra, investigador del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), en Puebla. Por supuesto se refería al fenómeno que fue visto hace unos días en varios estados, y que como es habitual en estos casos fue necesario volver a revisar la nomenclatura astronómica, dado que la prensa, los aficionados a lo sobrenatural y los memes se refieren a cualquier roca que viene del espacio como ‘meteorito’, como si fuera un genérico.

Imagino que la oficina de prensa del INAOE y otras agencias astronómicas del mundo tienen en sus archivos un kit de prensa siempre listo para este tipo de situación, ya que parecería que la gente tiene poca memoria.

A saber, un meteoroide es un cuerpo de entre 100 µm hasta 50 m de diámetro. Cuando sólo se observa la estela incandescente que deja a su paso en la atmósfera, pero se desintegra al atravesarla, se trata de un meteoro. Cuando impacta en el suelo, es meteorito. Pero su brillantez le otorga otra categoría. Si esta es más intensa que la del planeta Venus –la más brillante en el cielo nocturno– entonces se trata de un bólido. Si es más intensa que el Sol, es un superbólido. La imagen que acompaña el comunicado es más precisa:

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Cada que ocurre algo así, parecen inevitables las comparaciones, memes y referencias a ciertas películas de ciencia ficción [Armaggedon, entre otras]. En particular me recuerda uno de mis ejemplares favoritos de Nature, cuya portada incluyo en el encabezado de esta entrada. Gran portada, gran gran gran titular [por entonces la película homónima de James Bond estaba en boga, estrenada a fines de 2012], y por supuesto buenos artículos que analizan el caso del famoso ‘Expreso de Chelyabinsk’, del 15 de febrero de 2013.

Ahora, quienes se alarman porque también hace unas semanas ocurrió algo similar en el noreste de EUA y su frontera con Canadá, el kit de prensa del INAOE incluye además un mapa donde se muestran las zonas donde se han observado estos fenómenos, así como su energía cinética y si ocurrió en el día o la noche. Según se lee, el número de estos ‘pequeños asteroides que se desintegran en la atmósfera de la Tierra’ fue de aproximadamente 556 en un período de nueve años, así que podemos decir que son más comunes de lo que se puede pensar.

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Pero como si el tema estuviera, literalmente, en el aire, me enteré ayer de la noticia de una ‘lluvia artificial de meteoros’ planeada para la inauguración de las Olimpiadas de Tokio en el 2020. La compañía nipona ALE propone en el proyecto Sky Canvas el uso de un satélite que será puesto en órbita en 2017, cargado con 500 a 1,000 ‘partículas fuente’ –hechas de un material no especificado– que serán descargadas y al rozar la atmósfera crearán uno de los espectáculos de luz más sorprendentes en la historia de los Juegos Olímpicos.

Cuando reviso las notas sobre el evento pasado, los memes, el oportunismo de charlatanes, me percato que aunque la mayoría de los medios solo se limitaron a publicar el comunicado de prensa íntegro hasta al día siguiente –y sin incluir las imágenes de referencia para la nomenclatura astronómica y frecuencia de los bólidos–, hubo quienes al cubrir el evento en tiempo real usaron la terminología correcta…

Liga al comunicado de prensa del INAOE…

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Estela del ‘Bólido de Chelyabinsk’ (15 de febrero 2013). Fotocomposición, Western University, Canadá.

Tan lejos, tan cerca

La ciencia ficción me ha dado muchas satisfacciones y rumbo a mi vida. En 1993 leí un artículo de la revista Muy Interesante que trataba el tema de la realidad virtual, entonces un área en experimentación. Inspirado en aquella extraña y maravillosa promesa de la tecnología, decidí escribir un cuento acerca de una startup que desarrolla uno de los mejores ambientes de entretenimiento virtuales para adultos, pero que se sale de control debido a un singular comportamiento del software. Sin saberlo aquella historia me abriría muchas puertas, y puedo decir que es la que me puso frente a la computadora el día de hoy para escribir esta entrada.

Aquel año ese cuento obtuvo una mención honorífica en el Premio Puebla de Ciencia Ficción. Gracias a este detalle conocí a José Luis Zárate y Gerardo Porcayo -fue él quien ganó la edición de ese año, con un cuento ciberpunk precisamente-. Ellos no sólo escribían CF, sino también editaban La langosta se ha posado, la primera revista electrónica del país, en la cual me invitaron a publicar. Así me inicié en el mundo del ciberpunk y la cf mexicana. Ellos son mis maestros originales, cuya generosidad y amistad fueron decisivos en mi formación, por lo cual mi agradecimiento es infinito. En 1994 ese mismo cuento fue seleccionado por Federico Schaffler, editor de la revista Umbrales, de Nuevo Laredo, para formar parte de la tercera edición de la antología de cf mexicana Más Allá de lo Imaginado, en la colección de libros de Tierra Adentro. He resumido mucho esta historia por supuesto, pero fue así que empecé una de las aventuras más fascinantes que he tenido.

Ahora estamos en el siglo XXI. Me encanta la idea de trabajar para la revista donde leí aquel artículo señero. En la sala mi mujer y mis hijos se turnan para probar los lentes Samsung VR que me ha prestado la gente de RP de la compañía coreana. La RV se tardó veinte años en comercializarse, y aunque es fascinante sumergirse en ese ambiente, creo que todavía faltarán otros diez o quince años antes que sea de uso común. Incluso me pregunto si es realmente necesario que exista. En aquel primer cuento hablo de sexo virtual, pero como toda ciencia ficción cociné un pastel del presente cubierto por una capa de merengue del futuro: hoy el sexo por internet tiene muchas variantes, se ha salido de control por supuesto, aunque sin necesidad de gafas ajustables de momento. Me emociona ver que el Tesla Suit es lo más parecido a la tecnología que describí, e incluso circula el perturbador video de un traje japonés exclusivo para sexo virtual cuya delirante música de fondo le imprime un aire surrealista.

Ayer me han avisado que me publicarán un nuevo libro de cuentos. Será de CF por supuesto. Estoy entusiasmado. El futuro es hoy.