Los cuerpos del mañana

Se ha decretado una ley en Francia en la que se exige que l@s model@s presenten un certificado de salud para poder desempeñar su oficio. En este se especificará su índice de masa corporal, medida que establece la relación entre su peso y estatura, de manera que se compruebe que no tengan signos de anorexia y estén en las mejores condiciones físicas para desempeñar sus labores, a saber, verse guap@s y entusiastas en la pasarela. Más vivos que uno pues, luciendo las prendas de diseñador.

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Está claro que el trabajo de l@s model@s no se distingue de cualquier otro oficio que requiera gran esfuerzo físico; los dedicados deciden ‘esculpir’ o ‘diseñar’ sus cuerpos en el gimnasio y con base en dietas. Esto último por supuesto llega a convertirse en un problema para muchos, de ahí las leyes en Francia o España por ejemplo. En consecuencia esto no es nada sencillo de dominar. Es un trabajo digno por supuesto, de respeto. Es solo que al exigir ser tratad@s como artistas de primera categoría, no pocas veces de una manera soberbia, siento que pierden la noción de su verdadero lugar en el escalafón de las cosas: son, junto con la mano de obra esclava de tantos países subdesarrollados, miembros de la amplia base de la pirámide de la industria de la moda; cuerpos flexibles, moldeables a las tendencias [irreales] de belleza, con fecha de caducidad inclusive -el cuerpo envejece rápido en ese mercado- y sin mayores habilidades técnicas como prerrequisito para ejercer su función. Suena frío, pero así es: maniquíes con iniciativa. Los obreros que construyen las indumentarias que l@s model@s promocionan suelen cobrar sueldos miserables, aunque requieren de ciertos conocimientos o capacitación para operar la maquinaria de la que son responsables. Si, cuidar el cuerpo para mantener un estándar de belleza de acuerdo con el gusto vigente tiene sentido para sus carreras, pero eso no significa que sea arte, es una vieja técnica. Y lo practican millones en el mundo, gratis.

En el salón donde impartí la primera clase de Prototipos de Ciencia Ficción comenté con los alumnos una reflexión sobre los maniquíes de torso que nos acompañaban [imagen arriba], y el tipo de modificaciones tecnológicas que podrían contribuir a mejorar su utilización en el futuro. Quise recordar en ese momento el nombre de Adel Rootstein y su diseño Twiggy de 1966, el modelo de maniquí más famoso de la historia de la moda. ¿Cómo podríamos mejorar el diseño de un maniquí actualmente? ¿Cuántos especialistas de distintas disciplinas estarían involucrados en ello?

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“Favor de no tocar”

Me viene a la mente la imagen de Zhora, la replicante de Blade Runner. Esta bailarina exótica del bar de Taffey se ve descubierta por el astuto detective Deckard, y durante su escape por las calles de Los Ángeles llega a meterse a una boutique, donde se ve rodeada de escaparates donde varios maniquíes envueltos en luces de neón presencian impávidos su estrepitosa caída. Al morir, el cuerpo inerte de Zhora adopta un rigor mortis que no la distingue de cualquier otro maniquí. Está por supuesto la escena en que la replicante Pris se coloca un velo de novia en el taller de J.F. Sebastian, y permanece inmóvil, a la espera de sorprender al ‘caza pieles’. Al entrar, Deckard se ve rodeado de una multitud de cuerpos artificiales estáticos, ‘apagados’, otra metáfora de su peculiar profesión como buscador de seres que pueden imitar vida humana.

¿Qué pasaría si los robots sustituyeran a los modelos de pasarelas? Quisiera ver el primer escaparate ‘animado’ de alguno de los grandes almacenes, o el primer desfile de temporada protagonizado por androides. En 2009 se hizo bastabte publicidad con el japonés HRP-4C quien habría hecho su debut en una pasarela. Los movimientos torpes, sin la menor gracia, lo único que provocaron fue la incómoda sensación del valle inquietante. Además sin lucir ropa de diseñador sólo era una versión femenina de Robocop. Patético intento. Tendremos model@s para rato.  La moda, después de todo, es mera fantasía.

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Cyberpunk a tope…

El primer cuento que publiqué en una antología, de 1994, trata acerca de una startup de servicios de realidad virtual que se mete en un lío cuando uno de sus clientes tiene dificultades con su tecnología. Es cuando deciden que llegó la “Hora de vender“, y por ello la historia llevaba originalmente ese título. Federico Schaffler, entonces editor de la revista Umbrales, y antologador de la serie “Más allá de lo imaginado“, pensó que este no era  el adecuado, así que escogió uno que tuviera más impacto, que reflejara mejor el ánimo del cuento. Por ello quedó “Cybersexo“.

Ahora los nudes por celular son lo más cercano al cybersexo que podemos tener, y eso sí, son práctica común y también han metido en problemas a mucha gente. Como mencionaba hace unos meses, la RV no ha dado aún el gran salto al mainstream. He probado algunos de los sistemas disponibles en el mercado, y aunque son fascinantes en si mismos, me parece que todavía faltarán algunos años antes que logren ser tan comunes como la televisión, un electrodoméstico más. Si, se han diseñado trajes que me parecen similares a los que alguna vez describí, pero no dejan de ser sofisticados prototipos.

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Pero lo que quería decir es que hay bastantes elementos en la vida real que parecen haber sido extraídos de una trama cyberpunk. Hace tres años que leí un tuit de Renato Guillén [@Renato_Guillen], donde incluía un link con la leyenda “Mundo enfermo y cyberpunk presenta…” No recuerdo exactamente cuál de todas esas noticias era, pero una búsqueda rápida me remite a lo siguiente:

Las comparaciones que envió Renato me encantaron, así que desde entonces he contribuido con otras tantas:

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Una de las sospechosas del asesinato de Kim Jong-nam, captada por una cámara de vigilancia del aeropuerto de Kuala Lumpur.

Cuando editábamos el fanzine Fractal en los 90, teníamos una sección llamada “Cyberpunk aquí y ahora”, donde precisamente dábamos noticias sobre los avances en ese terreno, la materialización de ciertas especulaciones.

Ahora, con la llegada de Trump y sus ‘fake news‘, o el reciente asesinato del hermano del dictador de Corea del Norte con un agente químico en pleno aeropuerto de Kuala Lumpur –engañando a los perpetradores haciéndoles creer que estaban en un reality show–, no se distinguen de una trama surgida de Transmetropolitan, o de la mente de Gibson, Sterling o Neal Stephenson. Y claro, es también lugar común decir que se podría tratar de un capítulo de Black Mirror. En Twitter empecé a utilizar la frase “Cyberpunk a tope…” para presentar todas estas noticias donde la realidad parecería que se ha configurado según los estándares de este género.

Hace un par de días, Armando Saldaña publicó en su sitio una guía bastante útil de lecturas –por cierto, antes de leer “Neuromancer” primero me despaché “Cuando falla la gravedad” de Effinger.

Y si, qué gran momento nos ha tocado para vivir.

Oroxxo

De los asistentes al Oroxxo, me acordé de las personas que aseguran nunca haber comido tacos en un puesto callejero, pero querían saber qué se sentía. Parecía que fueron a darse un baño de pueblo.

Un hombre en sus 50 decía que la experiencia era única. En la mano tenía una bolsa de papas, las comía como si fueran hostias.

Una mujer joven meditaba frente al anaquel de Marinela, absorta, como esperando una revelación.

Unas chicas celebraban lo ‘loco’ que era tomar café Andatti. El vaso lo sujetaban por la base, como una copa. Se tomaron selfies.

Su actitud parecía “Oei, nos tomamos un Andatti, n o m a m e e e s…”

De risa todos ellos. “Because you think that poor is cool”…

El atractivo del Oroxxo fue ver a los que fingen con toda su alma nunca haber estado en uno.

Vaya timo.