Uno de los slides de Power Point más terroríficos que he visto, mostrado en una junta de ventas a la que asistí por mera curiosidad, rezaba lo siguiente: “El cliente es Dios”. Era mediados de 2019 y la consigna tan anacrónica y caduca. Sobra decir que el desempeño de ese equipo comercial en aquel año fue el peor en la historia de aquella empresa de medios.

Tomo este párrafo de una entrevista al filósofo Byung-Chul Han a propósito de su ensayo “La desaparición de los rituales” (2020). El texto completo aquí.

 La hipercomunicación consecuencia de la digitalización, nos permite estar cada vez más interconectados, pero la interconexión no trae consigo más vincu­lación ni más cercanía. Las redes sociales también acaban con la dimensión social al poner el ego en el centro. A pesar de la hipercomunicación digital, en nuestra sociedad la soledad y el aislamiento aumentan. Hoy se nos invita continuamente a comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos o preferencias, incluso a que contemos nuestra vida. Cada uno se produce y se representa a sí mismo. Todo el mundo practica el culto, la adoración del yo. Por eso digo que los rituales producen una comunidad sin comunicación. En cambio, hoy prevalece la comunicación sin comunidad.

En la película Full Metal Jacket, el editor del periódico castrense para el que escribe el protagonista hace una observación: “si nosotros movilizamos a los vietnamitas, son ‘evacuados’. Si son ellos quienes vienen a nosotros para ser evacuados, son ‘refugiados'”. Se debe nombrar según de donde viene. Si alguien escribe desde las entrañas de la ciencia, ofreciendo la perspectiva científica, es dvulgación. Si escribe desde fuera de la ciencia, al observar, cuestionar y contrastar, es periodismo. A muchos incluso les cuesta trabajo establecer esta distinción, o fingen descaradamente no saberlo. Si tu trabajo es observar y cuestionar lo que hace el gobierno, es periodismo. Si lo único que haces consiste en amplificar el mensaje gubernamental, es propaganda. Es sencillo.