Semiovirus, bomba viral y contagio

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El término bomba viral es una categoría que empezó a utilizarse en los premios MTV Millennial Awards 2015. Esta reconoce según el descriptivo al “fenómeno viral del año que vimos y compartimos todos”. El premio será otorgado entonces a la persona cuya popularidad en redes sociales creció de forma notable hasta alcanzar a un nutrido grupo de personas o seguidores jóvenes. Me entero que en una de esas entregas el galardón fue para Rubí, la quinceañera, pero cuando subió a recibirlo el público la abucheó. Pero también ‘bomba viral’ es una persona con alto potencial de contagio de enfermedades y la usa el autor Richard Preston en su famoso libro de no ficción The Hot Zone (1997). Este se lee como un thriller, y el término lo usa para referirse a un sujeto infestado de virus que provocan la fiebre hemorrágica de Marburgo.  

El uso de términos asociados a enfermedades infecciosas como objetos culturales es un fenómeno observado desde la década de 1970, apunta el teórico de medios Jussi Parikka. Su ensayo “Contagio y repetición: sobre la lógica viral de la cultura de red” (2007) nos habla de “la calidad infecciosa de los objetos de la red en la cultura digital”. Por supuesto en su análisis aborda entre tantas ideas el concepto seminal del escritor William S. Burroughs, “el lenguaje es un virus…”, así como conceptos del filósofo Steven Shaviro.

La lectura de este ensayo, que considero importante para buscar teorías que expliquen los fenómenos de comunicación en redes sociales contemporáneas, me ha recordado que existen estudios en biología computacional que han encontrado correlaciones interesantes en el análisis de redes interpersonales. El ensayo “Modelado de enfermedades infecciosas del contagio social en redes” (PLoS Comput Biology, 2010) encontró, por ejemplo, que un problema de salud como la obesidad puede ser también de naturaleza contagiosa. “Cuando nuestro mejor amigo engorda, nuestro riesgo de engordar se triplica”, apunta Nicholas A. Christakis, investigador del departamento de medicina y salud pública de la Universidad de Harvard, en su libro Conectados (Taurus, 2010). Los hábitos y costumbres se pueden contagiar, y dependiendo del nivel de cercanía con la persona será la influencia recíproca que podamos tener. “Los efectos de las redes sociales son de gran importancia para comprender el comportamiento humano”, apuntan en el estudio. Así, dejar de fumar, suicidios, altruismo, conducta antisocial, entre tantos otros, son comportamientos que pueden ser contagiados mediante la red social a la que se pertenezca.  “Información, tendencias, comportamientos e incluso estados de salud pueden diseminarse entre los contactos en una red social, similar a la transmisión de enfermedades. Sin embargo, una diferencia importante es que, además de propagarse de forma infecciosa, es posible adquirir este estado de forma espontánea.” De esta manera, los virus “son vistos también como una especie de memoria de su entorno y la etología de sus anfitriones. Lo que revelan son movimientos y conexiones”, menciona Parikka.

En [bio]política, figuras como el presidente de México o el de Estados Unidos dictan la agenda noticiosa con bombas virales, porque procuran mantenerse en la narrativa mediática que es el sustento de su imagen. Estas bombas virales, sin que sepamos si existe o no una estrategia de comunicación de por medio, cuentan con un alto riesgo de contagio. Saben que tanto los grandes medios establecidos como los medios espontáneos emergentes (Youtubers, influencers, etc) son vectores que cargan sus semiovirus –tomo el neologismo de Istvan Csicsery-Ronay Jr. de su ensayo cyberpunk “Futuristic Flu, or, the Revenge of the Future” (1992). Semiovirus (virus semiótico) me parece que puede ser utilizado como sinónimo del concepto original de meme creado por Richard Dawkins, para diferenciarlo de los memes y momos de la cultura popular. Estas entidades cargadas de significado buscan recombinar su ADN cultural con el de sus huéspedes para sobrevivir en el ambiente mediático.

El bombardeo de temas para provocar contagios mediáticos es indiscriminado; no importa quién se infecte, sino que el semiovirus se extienda. Sus efectos pueden medirse con herramientas como Google Trends, en el que las palabras clave para el SEO fungen como semiovirus latentes. Las bombas virales caen en zonas donde se sabe tendrán mayor impacto por supuesto, cuyo radio de afectación (infectación) se extiende de manera vertical con los medios tradicionales, de manera horizontal con los medios alternativos, pero más importante, en el eje de la y, en su profundidad hacia todos las coordenadas para conformar la esfera de lo que hoy se ha convertido la opinión pública (opinocracia). Este semiovirus esférico rebotará entre los límites de Internet, infectará a los usuarios, se reproducirá y en algún momento tendrá síntomas en la vida cotidiana de maneras insospechadas. En el caso más inofensivo será un divertido meme.

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Neologismo: swatting

Neologismo: swatting

“Swatting: pedir equipo SWAT a una casa mediante la denuncia falsa de delito grave (asesinato o situación de rehén) en esa dirección, que generalmente resulta en respuesta agresiva de las autoridades policiales” (aquí)

—Thuy Ong, The Verge